viernes, 27 de febrero de 2009

Del carnaval a la Cuaresma

Luis Joaquín Gómez Jaubert. 27 de febrero.

Hasta la manera de celebrar un carnaval depende del contexto social en el que se desarrolla este tipo de fiesta. Así los que hemos contemplado en algunas pocas regiones de nuestra España, muy dadas a estos festejos, distintas épocas en su celebración sabemos de una gran diferencia en sus contenidos, sobretodo en los fronterizos con la moral. En cualquier caso, el examinar cuidadosamente el trasfondo del carnaval, desde sus orígenes paganos, nos lleva a entender que el mismo era una excepción al resto del año. El espacio temporal dedicado a las carnestolendas, en las sociedades católicas, suponían un breve lapso de descontrol antes de la llegada de la Cuaresma. No ocurre así con el actual pues, exceptuando la indumentaria, el proceso carnavalero se extiende a lo largo de toda esta etapa histórica que nos ha tocado vivir. Y no escribo lo escrito porque, despreciada la costumbre secular, el carnaval actual inunde el tiempo cuaresmal, desde su inicio el miércoles de Ceniza, sino porque ninguna de sus características está ausente en la vida diaria de gobernantes y gobernados.

Está claro, eso ha sido así siempre, que para algunas personas los excesos del carnaval son parte de su existir cotidiano. El problema se encuentra cuando algunos de los contravalores de estas fechas carnavalescas se asumen como ingredientes sustanciales de un tipo de sociedad. No hay nada, exceptuando lo accidental festivo, que no podamos afirmar del carnaval y del resto del año a la vez: Los adulterios; el reparto masivo de preservativos; la llamada general al consumo sexual; el hedonismo, en todas sus vertientes, como meta del ser humano; la mentira, el engaño y la hipocresía; la máscara que oculta la realidad de cada persona; la fiesta, entendida como valor supremo, que ocupa cuatro noches a la semana según se observa en gran parte de nuestros jóvenes, y un casi interminable etcétera. No nos quepa la menor duda que detrás de este modo de enfrentarse, inadecuadamente, por parte de nuestra gente a las realidades que han de vivir se encuentra un sistema alentado por sus paniaguados gobiernos que sólo buscan para sus pueblo el “panem et circenses”, como denunciara el poeta romano Juvenal al hacer referencia a las iniciativas de los emperadores de entonces para mantener distraídos a sus gobernados de la bajeza de sus actos como gobernantes. “Nihil novum sub sole”, no hay nada nuevo bajo el sol, como nos recuerda la Sagrada Biblia en frase del libro del Eclesiastés.

Precisamente, ante el desasosiego en el que queda hundida la persona, superficial y frivolizada, en los paréntesis que no responden al espíritu casi continuo del carnaval, se alza la Cuaresma tiempo de algo tan necesario para el hombre como es la reflexión. Tiempo para elevarse hacia Dios en la oración y para recordar quiénes somos y para qué estamos destinados. Tiempo para pedir perdón de nuestros desórdenes y para hacer penitencia. Tiempo para, en definitiva, ser hombres recordando que somos, esencialmente, más que animales aunque en demasiadas ocasiones lo olvidemos. Tiempo para recordar lo que debemos a Cristo en su pasión, muerte, motivo de salvación para los que se abran a su Gracia, y resurrección. Tiempo para prepararnos a la Pascua, verdadera fiesta y modelo para cualquier acto festivo del cristiano y, a la vez, prepararnos para el encuentro definitivo con la Santísima Trinidad.

El hombre carnaval, por muy de moda que esté, sólo es disfraz. El hombre, para ser consciente de quien es, ha de ser hombre de cuaresma. La persona para ser feliz debe asumir el sentido pascual de su existencia. Frente al morir desesperanzado de nuestro mundo neopagano, recordemos las palabras, llenas de esperanza, del Santo Padre Benedicto XVI, en su homilía del pasado Miércoles de Ceniza: “la promesa de Dios es clara: si el pueblo escuchara la invitación a la conversión, Dios hará triunfar su misericordia y sus amigos serán colmados de innumerables favores”.

http://www.diarioya.es/content/del-carnaval-a-la-cuaresma

viernes, 20 de febrero de 2009

Iglesia profética: Temor a la Iglesia, temor en la Iglesia

Joaquín Jaubert. 20 de febrero.

Que un rabino judío, por mucha importancia que revista su cargo, se pronuncie sobre la bondad o no de Harry Potter le trae al pairo a toda la prensa mundial. Lo mismo sucedería si el que opinara fuera un pastor evangélico o un pope ortodoxo, aunque este último fuera llamado al episcopado, y no digamos si es un imán musulmán en cuyo caso se buscarían motivos para darle parte de razón. Ahora bien, si el que habla o escribe es un sacerdote católico se guarda bien su postura doctrinal en la hemeroteca de la progresía, todopoderosa en el dominio de los medios de comunicación, para airearla como un gran problema para la Iglesia y, sobretodo, para el mundo si es elegido como futuro obispo. La preocupación mediática por lo que acontece en el seno de la Iglesia Católica sólo encuentra explicación en el odio de muchos a la Verdad que ella predica.
 
Se teme a la Iglesia, como se temió a Cristo en su momento porque hablaba con autoridad. La auctoritas de la Iglesia es temida por aquellos que no desean que nadie descubra la actuación del Maligno en el manejo de los hilos del poder que creen dominar sus servidores o poderosos del mundo que, desde el inicio de la Creación, no ven el momento de colocarse en el lugar de Dios. Cualquier acontecimiento, que a la mayoría de los católicos no les causa ningún malestar, es aprovechado para dar comienzo a una nueva batalla contra Roma.
Sin embargo, el problema principal no está tanto en la actuación casi unánime de los enemigos de la Iglesia como en el eco que, por osmosis en la convivencia convertida en connivencia con la sociedad decadente y anticristiana, se proyecta sobre un sector eclesial siempre muy tenso y nervioso por como saldrá retratado en la foto que estos medios hostiles difundirán por todo el orbe. Pena y tristeza me da la actitud de católicos, máxime si son parte de la jerarquía, que, aprovechando presiones varias desde un cada vez más clericalizado laicado, consiguen que un sacerdote, el Rvdo. Wagner, nombrado para obispo no alcance esta dignidad. Le honra a este sacerdote su renuncia al episcopado, actitud que no creo sea imitada, cada uno en su nivel o grado, por tantos que presionan a Roma al tiempo que mantienen teologías nada católicas. Tal vez en la Europa Central se sigue analizando mal el éxito, obtenido no en el texto final sino en la práctica cotidiana posterior, que tuvo el uso poco eclesial de los medios mundanos para intentar manipular un Concilio que, gracias al Espíritu, no recogió el espíritu que se deseaba imponer como bien se expone en el libro “El Rhin desemboca en el Tíber” del padre Ralph Ralph Wiltgen, S. V. D. No, no es ese el camino a seguir si, con equilibrio, profundizamos en la anarquía, doctrinal y de vivencia, en estas últimas cuatro décadas, generada por la proliferación de una eclesiología poco católica, más bien galicana. No, no está nada bien el moverse en la Iglesia del modo que se mueven en la política mundana los que desean imponer su postura, utilizando medios de comunicación para presionar y, sibilinamente, desacreditar como ha sucedido hoy con este sacerdote y, siempre, con el Santo Padre.
 

La Iglesia, por su propia naturaleza, no puede olvidar un aspecto importante de su predicación cual es el de la denuncia profética. ¡Ay si todo este mundo hablara bien de ella!, algo malo estarían haciendo sus miembros. Una población que, a pasos agigantados, va aceptando la cultura de la muerte, las políticas que diluyen a la familia natural, a gobiernos que siembran contravalores en las mentes inocentes de los niños… no puede estar tranquila con los aldabonazos a las conciencias que va propiciando el magisterio eclesial. Desde esta perspectiva, está bien el temor a la Iglesia y está mal el temor en la Iglesia. Y muy mal que, desde ese temor en la Iglesia, se termine cediendo a los que, por ahora, temen la auctoritas de una Iglesia profética. 

Fuente: Diario ya

http://www.diarioya.es/content/iglesia-prof%C3%A9tica-temor-a-la-iglesia-temor-en-la-iglesia 

viernes, 13 de febrero de 2009

La calumnia en la ficción presentada como historia

 P. Luis Joaquín Gómez Jaubert. 13 de febrero.

La utilización de la calumnia, como arma, se está generalizando en una sociedad huérfana de principios. Los programas de televisión que se dedican a airear supuestos actos de los muy o de los no tan famosos son buena muestra de ello. La noticia está por encima de cualquier otra consideración con respecto a la verdad de los hechos o del honor de los perjudicados. En este contexto, las calumnias a la Iglesia católica o a su jerarquía, a personajes históricos que no casan con los contravalores actuales, son motivo de gran repercusión mediática.

Autodenominados historiadores dan pié al fenómeno de libros, con grandes ventas, en las que autores sin escrúpulos mezclan historia y ficción sin aclarar donde está la primera y donde la segunda. Al final, terminan presentando sus acusaciones calumniosas como datos históricos sin que el lector, casi siempre poco avezado en la materia, pueda tener la oportunidad de un mínimo de discernimiento. El aviso disimulado de la ficción queda totalmente ocultado con la pretensión de que la novela, por ejemplo, es histórica sobre personas e instituciones que quedan, totalmente, difamadas. Las falacias o mentiras permanecerán en la memoria de una gran cantidad de personas durante muchas generaciones, aunque historiadores más honrados y estudiosos del tema en concreto, hayan demostrado la nula veracidad de las mismas. Se hace honor a la conocida frase “calumnia que algo queda”. En el pasado, el novelista se basaba en algunos historiadores repitiendo, de otra manera, lo que de verdad o mentira pudiera haber apuntado el experto. En nuestro presente, es difícil encontrar historiadores serios que no parezcan novelistas o novelistas que no se manifiesten como historiadores. Unos buscan en el sensacionalismo coartadas para vender, otros disparan sus calumnias para desautorizar a sus enemigos políticos o religiosos, en cualquier caso un verdadero pecado más a sumar en estas últimas décadas, no porque antes no haya existido sino por su generalización y aceptación.

Con respecto al pasado lejano, es difícil averiguar lo que es verdad y lo que es calumnia, por ejemplo en la descripción que realiza Plutarco sobre Temístocles como corrupto que acepta sobornos. Ahora bien, en relación con temas y personas más que estudiados o lo que se pueda referir a un pasado reciente es indignante la proliferación de mentiras y su pronta difusión sin que respuestas autorizadas puedan hacer justicia a la verdad.  “El Código da Vinci”, novela de Dan Brown, fue un buen ejemplo, muy dañino y con gran eco, de calumnias a Cristo, a la Iglesia Católica y a algunas de sus instituciones. En una ficción construye la historia que desvela el secreto que los católicos habían escondido hasta nuestros días… y muchos lectores se lo creyeron. La película “Camino”, de Javier Fesser,presentada como ficción, copia suficientes datos de la vida de Alexia, muy manipulados, para entender el motivo de la dedicatoria final a esta católica niña. “Ficción donde no hay nada inventado”, en expresión de su director, podría ser la frase que nos guiara a la realidad de lo que buscan este tipo de obras: insultar, difamando, a instituciones y personas muy reales. Un colectivo enfermo premia tal inmoralidad. Con la justificación de una frontera invisible entre ficción y realidad a Napoleón se le hace homosexual, al poeta Luis Rosales se le acusa de cómplice en el asesinato de García Lorca  (para combatir esta calumnia Félix Grande escribió una biografía en su defensa), etc.

Hubo un tiempo en que se condenaba judicialmente por estas canalladas, como sucedió en sentencia de los Tribunales de Justicia en 1975 en Italia contra el autor de la novela “muerte en Roma” y el director de la película “represalia” dentro de la campaña difamatoria contra el Papa Pío XII. Pero en el nuestro, indefensos estamos cuando se acepta la historia novelada o lo que comúnmente denominamos el género de la novela histórica no como siempre ha discurrido en el pasado con los componentes y licencias propias de tal modo de expresión, ideando conversaciones o situaciones en fidelidad a un hecho conocido, sino como falsificación contraria a la verdadera historia.  En nuestros días, toda calumnia procedente de una ficción que pretende ser histórica es insuficiente, en una inexistente justicia, para dar lugar a un resarcimiento por daño moral. 

Fuente: Diario ya

http://www.diarioya.es/content/la-calumnia-en-la-ficci%C3%B3n-presentada-como-historia

viernes, 6 de febrero de 2009

Como cuervos al acecho

 

Luis Joaquín Gómez Jaubert. 6 de febrero.

Alguna cualidad específica debe ser consustancial a la Iglesia católica para despertar la agresividad mediática que no se produce contra otras confesiones u organizaciones religiosas. Alguna cualidad específica descubrieron en Cristo sus contemporáneos para que sus días terminaran en la cruz al contrario de otros “líderes” religiosos.

La Iglesia, siguiendo la estela de Cristo, se ocupa de los enfermos, de los pobres, de los que carecen de posibilidades de acceder a una buena educación, de los niños,… No hay campo, en el servicio al hombre, en que la Iglesia no haya sido pionera a lo largo de toda su historia. También, en nuestros días. Con todos los límites de sus miembros, no hay confesión religiosa con una obra de amor y de caridad de estas dimensiones. Esta actuación en lo horizontal está sustentada en la verticalidad de su relación con Dios. En este orden de cosas, tampoco existe una religión que, siguiendo la predicación de su fundador, esté más preocupada por la salvación eterna de todas las personas. Su realidad misionera no responde a otra razón que el cumplimiento del deseo de Cristo, manifestado en el derramamiento de su sangre, de redención universal aunque algunos se empeñen en llevar caminos de perdición.

Teniendo en cuenta que tanto la dimensión horizontal en el cuidado del ser humano, mientras vive en la tierra, como la dimensión vertical en el ofrecimiento de una vida feliz y eterna son los ejes de la propia existencia de la Iglesia, la pregunta que nos hacemos es que razón subyace en la acritud que se adopta con cualquier noticia sobre la Iglesia y que no se tiene con otras organizaciones religiosas que, en una y en otra dimensión, dejan mucho que desear. La respuesta está en Cristo, en su vida y en su muerte frente a creadores de credos que fundamentan su predicación en falsedades que no responden, muchas veces, ni siquiera al orden de la Creación.

La Iglesia primitiva entendió bien su destino cuando cuarenta y nueve de los primeros cincuenta papas murieron martirizados. En este sentido se han de interpretar los ataques de un lado y del contrario, totalmente injustificados, que se están sucediendo contra Benedicto XVI por el simple hecho de buscar la unidad interna de la Iglesia, previa a cualquier pretensión de unidad con otras confesiones cristianas tan querida, teóricamente, por algunos de los que reaccionan negativamente al pastoreo del rebaño que al Papa le concedió el Espíritu Santo. Que a los  muchos habituales, de dentro y de fuera de la sociedad eclesial, en propiciar titulares difamadores contra dicho pastoreo, se haya sumado parte del clero en sus diversos grados jerárquicos no constituye ninguna sorpresa si pensamos en el deseo de agradar al mundo y contemporizar con los poderosos que siempre ha abundado, históricamente hablando, en numerosos personajes de la Iglesia.Que algún teólogo quiera abandonar la institución eclesial sólo nos lleva a la reflexión de pensar en cuántos de la misma calaña permanecen en el interior de la misma sin sentir ni pensar en católico, enseñando en las cátedras y en los púlpitos en contra del magisterio pontificio.

Preocupante es esa colaboración de algunos de dentro de la estructura eclesial, que tal vez no de la Iglesia, colaborando con los que, como cuervos al acecho esperando cuerpos corruptos, sólo van a encontrar uno resucitado y victorioso que reina en una Institución por Él fundada y por Él protegida.

Fuente: Diario ya

http://www.diarioya.es/content/como-cuervos-al-acecho