viernes, 24 de abril de 2009

Raíces cristianas de Europa I

P. Luis Joaquín Gómez Jaubert. 24 de abril.

 Se acercan las elecciones europeas en medio de un preocupante desinterés por parte de la población de las diversas naciones, especialmente de España. La Europa que nos han querido vender, que no convence más que a los que la idearon en este último periodo de tiempo, está muy alejada de su historia y de la idea de aquellos que durante años buscaban la manera actualizada de recuperarla con todas sus esencias. Los valores sobre los que se ha querido construir la nueva Europa la hacen olvidar sus orígenes y quien renuncia a la razón de su nacimiento pierde su alma. Es más no es el primer intento de proyectos contrarios a su espíritu original. El nazismo y el comunismo muestran a las claras cuáles son los efectos de edificar sobe un idealismo totalitario sin base en lo real. Aunque, todo hay que decirlo, estos procesos degenerantes  comenzaron con los nacionalismos.

La historia nos enseña que lo único que identifica a todas las naciones que constituyen el continente, consideradas individualmente y al conjunto de todas ellas, es el cristianismo. Ni Grecia ni Roma llegaron a configurar el mapa europeo con un elemento unificador que impregnara a toda la población de los territorios que constituirían Europa. La diversidad de las distintas espiritualidades y culturas sólo encontró en la predicación, entre otros, de los monjes benedictinos, una idea integradora: hubo una unidad espiritual y cultural de Europa gracias al cristianismo. Ciertamente, los sucesivos cismas que separaron de la Iglesia de Cristo a muchos cristianos rompieron un aspecto de la unidad, pero los europeos, es decir el pueblo casi siempre alejado de los que ostentan el poder, seguía identificándose con una común visión de raíz cristiana en la que se reconocían católicos, ortodoxos y protestantes.

Este desinterés, que recordábamos en las primeras líneas, puede estar manifestando que nuestra gente no termina de reconocerse en los parámetros que han confeccionado los mandamases de las naciones europeas. Querer unir sólo en función de los intereses económicos y de la creación artificial de una falsa ética inventada por los que no tienen concepto de moral objetiva, por su relativismo que varía según las imposiciones de los distintos grupos de presión, es querer edificar sobre barro. La realidad es que, los pocos o muchos cristianos de la derecha o de la izquierda de los partidos mayoritarios, no han hecho absolutamente nada en pro de recuperar algún aspecto de los valores cristianos o, simplemente, de Derecho Natural en la legislación emanada del Parlamento europeo. En otras palabras, son ya demasiadas las oportunidades que se les ha dado en varias décadas. Habrá que ir pensando, como en diversos documentos del Magisterio de algunos obispos se ha apuntado, en ayudar a los que, desde las minorías, combaten por la unidad europea fiel a la esencia de Europa.

El divorcio de los últimos siglos de Europa con sus raíces ha supuesto la unión adulterina con realidades e ideologías que ha conllevado la cultura de la muerte y la destrucción de las familias y de las patrias como se puede observar con una mirada atenta a nuestra sociedad. 

 

Fuente: Diario Ya

http://www.diarioya.es/content/ra%C3%ADces-cristianas-de-europa-i

viernes, 17 de abril de 2009

Convertidos II

P. Luis Joaquín Gómez Jaubert. 17 de abril

En el artículo del viernes pasado, repasábamos las actitudes de muchos contemporáneos de Jesús responsables, individual o colectivamente, por acción u omisión, de la crucifixión de Nuestro Señor. Personajes en lo que predominó, en momentos decisivos, la cobardía, el abstencionismo, la traición, la masificación, etc. Afirmábamos la actualidad de idénticas actitudes en nuestro tiempo, entre nuestros católicos, especialmente en el Occidente otrora cristiano. En cualquier caso, todas ellas huidizas, por diversas razones, del testimonio de la Verdad. Convertirse es cambiar como cambiaron los Apóstoles y los discípulos de Cristo y como, también, variaron en sus posiciones o planteamientos algunos de los que, sin haber seguido, previamente, la predicación del Maestro, pasaron de ser perseguidores u observadores pasivos a constituirse en testigos del Resucitado.

El término parresía, como discurso valiente o libertad de espíritu para testimoniar la Verdad, expresa ese cambio de actitud en los miembros de una Iglesia naciente a los que les caracteriza un deseo de ofrendar sus vidas dando a conocer a Aquel que murió por ellos y por todas las personas. El encuentro con Cristo, Verdad y Vida, les da un sentido distinto a sus existencias en este mundo, haciéndoles partícipes de una realidad en la que todo queda supeditado a la alegría de poder transmitir la victoria del Señor sobre la muerte y a la promesa de un futuro eterno, pleno de felicidad, para los que confían en el nombre de Jesucristo, tomándolo como el perfecto modelo de comportamiento en los múltiples campos de actuación del ser humano. Todo ello sellado, por muchísimos cristianos, en el martirio.

Por este motivo, el tiempo pascual recuerda al cristiano no sólo todo lo que aconteció en torno a la resurrección de Jesús sino, también, que debe él mismo ser continuador de las vivencias de sus antecesores en la Fe. En otras palabras, un discípulo del Señor, conocedor de Su triunfo y glorificación, no debe amparar sus cobardías o miedos en lo sucedido, con los apóstoles y demás seguidores de un Jesús, en plena pasión  y muerte cuanto en buscar borrar de su vida todo espíritu temeroso en ese cambio que supone una nueva forma de aparecer ante el mundo incrédulo y que es significado en la citada parresía. Un católico sin vocación de profeta y mártir ha de revisar profundamente su Fe.

En conclusión, una verdadera pascua no se puede reducir, solamente, a una celebración litúrgica y festiva sino que ha tener en cuenta un serio compromiso de convertirnos en verdaderos predicadores, en palabras y en obras, del misterio celebrado.  Es la hora no de la indolencia y la comodidad y sí de la valentía en testimoniar el amor de un Dios que se hace hombre y que nos pide que seamos sus portavoces ante todos los atentados que contra la Verdad, en sus diversos aspectos, se producen en nuestro mundo especialmente entre los poderosos, como antaño. No podemos quedarnos en el Pedro negador, hemos de dar un paso en cambiar al Pedro testimonio, aunque suframos persecución. 

Fuente: Diario ya

http://www.diarioya.es/content/convertidos-ii 

viernes, 10 de abril de 2009

Convertidos I

P. Luis Joaquín Gómez Jaubert. 10 de abril. 

El título de este artículo, encontrará mejo explicación en el de la próxima semana, pero adelantar que, para convertirnos, tenemos que conocer que es lo que hay que borrar de nuestra existencia. En este orden de cosas, suele recurrirse, en las meditaciones de Cuaresma y en las homilías de las celebraciones de los cultos de Semana Santa, a los personajes que rodean a Jesús como exponentes de unos comportamientos que se reproducen, continuamente, a lo largo de la historia de la humanidad. Nombres como Herodes,  Poncio Pilato, Caifás, Judas Iscariote, Barrabás, san Pedro, pueblo judío, soldados romanos, etc., aparecen como ejemplos de lo que no debemos hacer a la hora de enfrentarnos a las decisiones en las que nos jugamos nuestra salvación eterna. Cada una de estas personas está caracterizada por una actitud reprobable: superficialidad, cobardía, traición, abstención, manipulación… Se pretende, con estas reflexiones, llevarnos a la consideración de que no somos tan distintos de aquellos a los que nuestro pensamiento, y sentimiento, rechaza por sus actitudes en el proceso de la condena, pasión y muerte del Señor.

Los comportamientos de los nuevos herodes, pilatos y demás personajes, que se movían dentro del contexto histórico de Jesús, abundan en la vida cotidiana de nuestro tiempo, pero también los de todo un pueblo masificado y manipulado. Sin la confluencia de todos y cada uno de ellos, hubiese sido más complicado condenar al que, como enviado de Dios, fue recibido en olor de multitudes en su entrada a Jerusalén, pocos días antes. De la misma manera que, sin las confluencias y uniones de todas sus acciones y omisiones, reproducidas y multiplicadas, sería muy difícil que, en este siglo, se produjeran los ataques a la Iglesia y el desprecio a la Ley Natural o al orden de la Creación que estamos padeciendo.

No hace falta mucha imaginación para encontrar modelos de comportamientos, vigentes y actuales, que responden a los que, en los textos sagrados, aparecen descritos. Aunque son aplicables a diversos temas de actualidad, nos centraremos en el aborto, por significar la muerte de inocentes como inocente era Nuestro Señor y por la polémica suscitada, precisamente en esta Semana Santa, por la católica actitud de muchas cofradías en gran parte de la geografía nacional.

Las comparaciones no revisten dificultad alguna: la superficialidad de el Rey Herodes que, con su vida disipada, nos lleva a pensar en personas ególatras incapaces de salir de sus propios intereses personales o familiares, a pesar del sacrificio de vidas humanas; la corrupción de la ley en el Sanedrín, con Anás y Caifás  y demás autoridades manipuladores del pueblo, aprovechándose de su ascendencia: gobernantes, legisladores y medios de comunicación que presentan el asesinato de un no nacido como un derecho; la traición de uno de los suyos, en Judas más centrado en poderes temporales: católicos que, en su jerarquía de valores, está por encima el poder patitocrático que el de la Verdad; un pueblo judío cegado que, democráticamente, aclama y elige a Barrabás: elecciones, por cristianos, de colaboradores necesarios para el marco legal del aborto; el abstencionismo de P.P.ilato que, con su poder, pudo haber cambiado el rumbo de los acontecimientos pero se lava las manos: gobernantes llamados católicos que, bajos sus gobiernos, continúan las leyes del aborto y se multiplican los abortos; los ejecutores, soldados romanos, que representan a los médicos sin otros valores que el dinero recibido para ajusticiar como verdugos; san Pedro y demás apóstoles acobardados y escondidos ¿seremos nosotros?, etc.

Aprovechemos este Viernes Santo, para denunciar que hay en nuestro corazón y en nuestra sociedad de los contravalores vividos por estos personajes y preparémonos para esa conversión tan pedida por Aquél que muere por nosotros.